lunes, 10 de noviembre de 2008

Mi viaje a Perquín


Nunca había conocido Perquín. El sábado pasado, en compañía de Antonio Montes, un súper motorista del periódico en el que trabajo y que conoce muy bien todo el país, fui a este municipio con la misión de seguir a Mauricio Funes, candidato presidencial del FMLN.

De entrada, tuve la expectativa de saber cómo era el pueblo del que tanta gente me ha contado, que es uno de los lugares insignia del conflicto armado en el país.

Pues con tenis y mi botella de agua, llegué preparada para todo. Y aunque mucha gente me había dicho que el municipio quedaba muy lejos, no creí que fuera tanto. Haciendo cuentas, nos llevamos casi tres horas y medias en llegar. Pero valió la pena. El clima fresco, el Río Torola y un ambiente de pasado me gustó.

Antonio me mostraba todo: "Por allá queda la Laguna El Jocotal", me decía. Después me mostró una pista que le llaman el Jocote donde, según él, aterrizaban por unos minutos los aviones de la Fuerza Armada para recargar armamento y municiones.

Antes de llegar a Osicala, comencé a ver a muchos simpatizantes del FMLN vestidos con camisas alusivas a Funes y ondeando banderas rojas. Unos parecían estar atrincherados, esperando a que la caravana del candidato pasara para salir al encuentro y ondear sus banderas.

A medida que subíamos a Perquín, mi mente viajaba al pasado. Muchas de las veredas que están cercanas a la carretera parecen no haber perdido esa imagen que yo me hago de la guerra. Por momentos me imaginé a las mujeres con sus hijos caminando a la orilla de la calle, con una bandera blanca en sus manos para pedir que no les dispararan ni la guerrilla ni los soldados. Después me imaginaba a los guerrilleros atrincherados entre las grandes rocas o arriba de los árboles, con fusil en mano, listos para dispararle al enemigo.

Cuando por fin llegamos al pueblo, de veras, pensé que era más grande, pero la verdad es que el pueblito es bien chiquito. La gente que ya esperaba a Funes estaba amontonada en el pequeño parque, al centro de la ciudad. Algunos niños ya habían apartado su puesto en los árboles que están en los contornos del parque.

Las infaltables ventas de camisetas y gorras del Che Guevara así como pulseras y otros accesorios nos llamó rápidamente la atención.

Luego, caminando caminando, me enteré (sorry, pero no lo sabía) que la alcaldía del lugar está gobernada por ARENA. ¿Por ARENA?, me pregunté. En serio, cuando vi a tanta gente vestida de rojo y ese parque de Perquín tan lleno, lo último que hubiera imaginado es que ese pueblo tenía un gobierno de ARENA. Después me explicaron que mucha de la gente que vive ahí sufrió tanto la guerra, que en vez de apoyar al FMLN, los odian.

Pero bueno, con esa información previa, no me extrañó la actitud pasiva de los pobladores cuando Mauricio Funes se dirigió a ellos.

Es cierto, muchos gritaban cuando Funes les preguntaba si querían más empleo u otro servicio básico, pero fue evidente que muy pocos cantaron a pulmón abierto "revolución o muerte, venceremos", como dice el himno del partido.

De no ser porque el grupo que ameniza todos los mitines del FMLN animó lo suficiente, mucha de la gente se hubiera retirado después de esperar por más de tres horas a Funes, que siempre llega tarde a todos los eventos.

Yo creo que era mayor la expectativa de la gente por conocer de cerca a Funes, que por compartir los ideales del partido al pie de la letra. No sé, esa es mi percepción.

No quiero terminar esta crónica sin antes mencionar algo que todavía me tiene "frikeada", como decimos... En Perquín vi a una muchacha de unos 23 años, blanca, con el pelo liso, con los zapatos rotos y un canasto a quien ya he visto en otro lugar. Para salir de la duda, me le acerqué y le pregunté si vivía en Perquín. Me dijo que sí. Después le expliqué que le preguntaba eso porque me parecía haberla visto en otro lugar antes. Pero ella me dijo que no, que no había viajado a San Salvador y que lo único que hace es vender en ese pueblo. Me dijo que se llama Mónica y les juro y les perjuro que la he visto en alguna parte antes. Es que cuando la vi, la reconocí de inmediato, pero hay algo en mi memoria que borró por completo el momento y el lugar en el que la conocí. Es extraño, pero cuando la recuerdo, algo en mi memoria me lleva a otro momento, a otro lugar.

Nunca había visitado Perquín, pero estando en ese lugar, sentí que ya había estado ahí hace muchos años. Quizá en otra vida.



lunes, 3 de noviembre de 2008

Sí somos tercos!!!!


Quiero preguntarle a todos los salvadoreños ¿por qué nos gusta hacer las cosas que sabemos que están mal y luego nos lamentamos de que nos miren mal?

Uno: todos en este país sabemos que para cruzarnos una calle sin que nos pase nada tenemos que utilizar las pasarelas que el gobierno, como obra de caridad, ha puesto en las calles más concurridas. Pero somos tan cabezones, tan tercos y tan confiados que seguimos cruzándonos las calles a pie, exponiendo nuestra vida e incluso la de los niños al filo de una línea amarilla que divide los carriles. No sé ustedes, pero hoy que manejo me da una cólera ver cómo la gente puede ser tan burra y no darse cuenta del peligro al que se exponen. Es risible, pero si el semáforo está en rojo, la gente no pasa o si lo hace, busca la "mera mitad" de la calle para esquivar los carros en vez de utilizar las líneas blancas o zebra que el sacrificado Ministerio de Obras Públicas ha pintado como "zona peatonal".

Pero si el semáforo está en verde, ja! a la gente le vale un pepino y pasa como Juan por su casa aunque tenga casi encima el vehículo. ¿Qué les pasa gente?


Dos: sabemos que tenemos que depositar la basura en bolsas y esperar a que pase el camión de la basura el día indicado, el día que se les ha roncado la gana programar a la alcaldía de nuestro municipio. Pero no. A los salvadoreños les gusta sacar la basura cuando se les da la gana para que los perros callejeros, que en este país abundan, rompan las bolsas y dejen esparcida por toda la calle las cáscaras de plátano, la caja de la Pizza Hut, las toallas sanitarias de las mujeres y un sin fin de cosas más. ¡Dios mío!

Y bueno, qué decir de la gente que sabe que no tiene que tirar la basura a la calle cuando viaja en bus o en carro.

Nos quejamos de que otros países nos llamen "sucios". Por favor!!!! Ellos se quedan cortos al llamarnos así. Si somos unos cerdos completos que no tenemos conciencia de que la botella de plástico que botamos por la ventana y que quedará en la cuneta tardará miles de años en desintegrarse y como efecto inmediato, tapará los tragantes de nuestras colonias y luego, cuando llueva, provocará accidentes tan lamentables como el del bus que cayó al río con 31 personas.

Señores, por favor!!!! Tengan pena!!!! Aunque anden el carro todo sucio, no boten la basura en la calle.

Sabemos que no se debe hacer, pero lo hacemos y luego preguntamos por qué le llaman a la alcaldesa de San Salvador, la reina de la basura.


Tres: sabemos de sobra y con miles de casos como ejemplos que manejar ebrio o a excesiva velocidad sólo provoca accidentes y muertes. Dios mío!!! Pero si esto es el pan de cada día en la calle. Nos quejamos y nos quejamos de que somos un país con un alto índice de accidentes de tránsito, pero a la hora de pisar el acelerador, nos vale pepa si la abuelita se quiere cruzar la calle o si el señor está poniendo la vía para pasar al otro carril.

Somos unos kin kon con licencia en la calle. Y luego decimos "pobrecitos" cuando vemos en las noticias a esa gente que se mata o que queda paralítica por los accidentes de tránsito.

Y así podría enumerar miles de cosas más que siempre hacemos a pesar de saberlo con sobrados ejemplos...


Mejor apoyo la frase de la Marcela, hija de un querido colega que sólo tiene seis años, "Diosito, dame la ayuda".